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Automedicarse para prevenir o tratar la covid-19 puede generar una resistencia a medicamentos como los antibióticos, algo perjudicial para el tratamiento de otro tipo de enfermedades ocasionadas por las bacterias.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sido enfática a la hora de aclarar que los antibióticos no tienen ningún tipo de efecto sobre virus como la gripe, la influenza, los resfriados y mucho menos sobre el nuevo coronavirus. El organismo recalca que este tipo de medicinas deben ser utilizadas exclusivamente para el manejo de infecciones bacterianas.

Si bien es probable que una persona al tomar antibióticos sienta algún tipo de alivio en los síntomas relacionados con el virus, no existen pruebas o estudios que indiquen que este tipo de medicamentos contribuye a prevenir o curar la covid-19. Por el contrario, se ha evidenciado que este tipo de prácticas pueden terminar ocasionando resistencia antimicrobiana, un fenómeno que crece cada vez más en regiones como Latinoamérica.

Una de las causas de esta resistencia se da por el consumo excesivo de los antibióticos o por usarlos para tratar cualquier patología sin el consentimiento de un profesional. Al tomar estos medicamentos se genera la muerte de algunas bacterias, pero algunos gérmenes más fuertes logran resistir y multiplicarse creando mayores defensas ante la acción de los antibióticos.

Este fenómeno se conoce como RAM y según los expertos poco a poco se está convirtiendo en una grave amenaza para la salud pública. La OMS ha dicho que la resistencia a los antibióticos ocasiona por lo menos 70.000 muertes al año en el mundo y se prevé que para el 2050 se llegue a los 10 millones de fallecimientos.

Si cada día más personas desarrollan esta resistencia los tratamientos para cualquier enfermedad bacteriana van a ser más largos y costosos. Además, se incrementarían las tasas de mortalidad y de riesgo en los procedimientos médicos. Uno de los casos más particulares es el del estafilococo, una bacteria que ha desarrollado en algunos pacientes resistencia a la meticilina.

Un estudio del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) calcula que en Estados Unidos los consultorios médicos y las salas de emergencia recetan anualmente aproximadamente 47 millones de tratamientos con antibióticos para infecciones que no los necesitan como los resfriados.

Sin embargo, la responsabilidad no recae solo sobre los médicos, pues en países como el nuestro la cantidad de personas que consumen medicamentos sin prescripción es alarmante. Tal parece que la práctica de ir a la droguería y comprar cualquier medicina se ha convertido en otro tipo de epidemia. Una investigación de la Universidad de Antioquia comprobó en una encuesta que el 97 % de los participantes se han automedicado y el 3 % no saben o no responde.

Según la CDC, desarrollar una resistencia a los antibióticos “pone en peligro los avances en la atención médica moderna de la que hemos pasado a depender, como el reemplazo de articulaciones, los trasplantes de órganos y la terapia contra el cáncer. Estos procedimientos conllevan un riesgo importante de infección y los pacientes no podrán recibirlos si no se cuenta con antibióticos eficaces”.

Los expertos recomiendan en primer lugar no usar antibióticos para virus simples como la gripe, seguir las instrucciones de los médicos y no usar la receta médica de otras personas. Tampoco se deben guardar los medicamentos para usar después o interrumpir los tratamientos en casos de infecciones bacterianas, pues esto les da tiempo a esos organismos para sobrevivir o mutar.

Tomado de: https://www.semana.com/vida-moderna/articulo/asi-es-como-un-virus-se-vuelve-resistente-a-los-medicamentos-nueva-alerta-en-la-oms/202046/


                   

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